Sabes que despierto
solo cerca de tu voz.
Realidad y sueños a la vez,
se entremezclan en laberintos
de sal.
Sin orden, sin descanso.
Un empujón definitivo
de cara al acantilado,
se toma inevitable.
Y caigo, huelo a absoluta levedad.
Poder calmar a las olas
que castigan las rocas,
es un signo que desplaza
el sentimiento de agonía.
Mientras continuo cayendo,
el sol abandona la noche
y por vez primera siento miedo.
Miedo de olvidar
ahogarte en húmedas sombras
a través del aire.
Miedo de perpetuarme sobre esqueletos
de barcos solitarios.
Sabes que despierto
tempestades lejos de tu voz
/Nada comparable a caer devorado
por el tiempo),
Y en el fondo rasguño restos
de otras vidas,
que alguna vez
nos pertenecieron.
Horizontes suicidas.
La arena desintegra sueños,
viéndome caer se filtra
entre mis dedos o decanta
dentro de un reloj,
testigo perpetuo de tu voz.
Tus gritos, son parches
del mismo mar que me recibe,
como tibio lecho en noche
de tormenta.
Nada comparable a caer
desafiando las distancias,
mientras la luna
llora mareas, por piedad.
Piedad por olvidar
ahogarte en húmedas sombras
a través del aire.
Un fondo de rocas desnudas
bañadas por el eco
de tu voz.
Vuelvo a dormirme.
Espalda al
acantilado.
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